domingo, 9 de noviembre de 2014

A quien corresponda

¿Podrías desnudarte ahora,
Olvidando que estas lejos, que estas casada, que no hay agua, café, ni sábanas, ni amor?
Hazlo lento y mírame a través de la pantalla,
toca lo que queda de tu ropa luego de mi voraz mirada,
hazlo, como si fuera una extensión de tu piel morena, de tu espalda clara
de tus nalgas dulces y sagradas.

Hey tu, mujer
quien camina por aquellos bosques otoñales,
de paseos entre arboles mudando su piel,
hey tu,
no olvides que la pasión es el hilo con el que coces las llagas de mi alma,
porque no requiero de ti la eternidad,
sino el instante de tu posesión sobre la mía.

He acumulado muchas botellas intentando recordarte
y así,
sin querer te evaporas como la resaca,
por ello doy largas caminatas al sol de mediodía
para que el dolor te traiga, como un suspiro, como un tambor en el suspiro de mi mirada.

Solo quedan tus bragas y tu pergamino fresco absorbe la humedad de la tinta de estos labios
que se dedican a borrar las palabras y los tatuajes de la piel de otros, de él, con quien despiertas, sueñas, celebras aniversarios y reconcilias peleas.

Si me siento cansado es porque la sed se ha convertido en monzón
y a pesar de la lluvia, solo soy tierra impermeable,
un hombre de metro, cantinas, salas de estar y oficinas sin ventanas.

Desnúdate completamente, ahora, ahora que mis abrigos están tibios
y el cuero de mis brazos es más suave,
para así cobijar los miedos que te queden
(mantenerlos a salvo de ser superados).
Ellos tiritarán pidiendo por algo de ese calor,
se arremolinarán entre los mantos de soles blancos y lunas rojas
(ahora tan inconstantes y frecuentes en los exactos días del otoño).

Estoy levantado para ti,
para hacer de tu dolor el mío y compartir la insensata sensación de ser devorado,
hasta que solo quede un grito, un temblor, una sonrisa al techo y un caluroso clamor hecho líquido vivo.

Al abrir los ojos no estarás tu, tampoco estaré yo,
pero esa cama que medimos a rodadas sollozará hasta no vernos de nuevo,
aplastando pulgas y resortes.

No te desearé más que ahora, pero recuerda que el universo da ciclos,
entonces habrán muchos ahora y muchos después.
Pediré un segundo,
mira al cielo, míralo
la bruma de las montañas es mi aliento luego que tu tremor derritió mis nubes.

Te amo, podría decir, pero no miento;
te deseo, y ese gusto es más fuerte que el amor, él que quiere ser tierno.
Yo, la verdad,
te quiero salvaje, febril y tiránica
para que así con tus ojos, tus manos, tus uñas y tu vientre
venzas el imperio de mi tristeza.

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