domingo, 31 de agosto de 2014

Palabras abiertas a América Latina

Luego del reconteo de promesas
de un día largo de firmas, huellas y esperanzas,
encuentro que alguien cambió los votos de la provincia del mar,
el número en la pantalla silencia a la patria de mi pecho,
al país y las fronteras de mis ojos.
Sé que fuiste tu
dictador, dictadora,
presidenta, presidente,
no podría ser nadie más que tu
porque el poder ha carcomido los deseos que tenías de niño,
esas fantasías donde los ministros serían superhéroes
y las fuentes de chocolate calmarían la infelicidad y el hambre de los pobres,
donde los abuelos, por ley, serían inmortales.

La realidad es más cruda y seca, como la carne que nunca falta en tu mesa
la verdad es que tus ministros son tus dulces amigos,
los mismos amigos de la prepa y de la escuela,
tan corruptos e inconscientes como tu,
sentados en sus sillas de marfil, con sus hombres y mujeres de mentira,
tan falsos como ese otro país que ves desde el balcón de tu gigante casa republicana rodeada de pinos y plazas de armas.
Las fuentes fueron calladas por las sequías y la falta de mantenimiento,
luego de la desaparición y compra de las asociaciones y sindicatos,
silenciaste hasta el hambre,
ocultaste la miseria tras los muros de tu nueva ciudad,
de aquel lugar de edificios altos inundados de esclavos,
el dolor del pobre para ti no existe
lo borraste del mapa para que no manchará la alfombra roja de tus tantos falsos y sonrientes espectáculos.
Qué hablar de los abuelos
si así como las esperanzas de los trabajadores, mueren, por ley, entre las filas de autos nuevos
y las señales amplias de telenovelas y modas extranjeras.

¿Qué hay de ese niño que quería ser presidente,
qué hay de esa patria que añoraba la paz y buscaba el progreso?
Pues, dicen las instituciones de la "transparencia"
que esta en los informes,
tan clara es la verdad que la realidad no importa.
Las balas y las muertes no existen,
sin embargo, porque los ejércitos todos los días crecen,
es más sencillo dar un fusil y un uniforme a un ignorante
que educar y enseñar a pensar al más tierno de los infantes.

Luego del reconteo de promesas,
nos vamos todos a beber para olvidar quien nos gobierna,
los borrachos a pesar de ser dueños de la verdad,
no son peligrosos, son la única muestra que el dictador regala como libertad.
No importa la resaca, aunque ella venga sin jamás haber probado el alcohol, cuando seamos un poco más viejos y más vencidos, más acomodados y más temerosos llegará otro dictador a quien adorar, alguien nuevo pero sospechosamente repetido de quien quejarse, porque la esperanza nos la mataron de niños y ahora nos cuesta mucho marchar, más aún nos cuesta luchar.

Si la injusticia es enseñada como valor,
de nada servirá un día la revolución.
Porque el cambio no es cortar cabezas y exhibirlas en la plaza y la televisión,
el cambio es creer que todo puede ser mejor,
pero no venimos a vender mentiras:
el cambio siempre dolerá,
pero de la experiencia saldrá bien librada la vida, la equidad, la tolerancia, el progreso y la libertad.
Al fin,
si el cambio no sirve, luego otra vez habrá que cambiar.

No hay comentarios: