Cuán pesado es el aire caluroso de este largo verano adelantado,
la tierra olvidó las flores,
la lluvia olvidó su época,
la felicidad olvidó la sonrisa
y yo olvidé lo que quería,
caen cántaros y no es junio,
y no es invierno.
Hervimos a fuego lento,
haciendo barullos de silencio y crepitante nostalgia;
sale humo de nuestra ropa mojada,
empapada está hasta la sombra
pero no importa,
porque lo que ahora llamamos vida
son los cinco centímetros que nos separan del otro,
y a pesar de la distancia no hay palabras,
tanto es el calor y tan intensa es la soledad
que una mirada cruzada,
un roce lejano del morbo y próximo a lo romántico,
se hace un sueño briago,
una fantasía lejana.
Vamos pasando por 5 de Febrero,
tomo el cielo en lo que voy cayendo al suelo,
la imagen de la nube rosa y la montaña gris
queda en mi memoria como el sabor de sangre
que suena en mi mente.
Verte a ti,
por ejemplo,
es algo tan irreal, tan improbable,
que me veo rodeado de reyes y guerrilleros
antes de poder tocarte,
(el aire que rodea todo es un ruido sordo buscando violencia)
es la revolución del tiempo que lucha por juventud hasta dejarnos vejez.
Ella
cierra el libro
detiene la canción,
levanta la mirada,
aclara el horizonte
alarga la mano
escribe en el aire,
sujeta mi rostro,
invade la piel
dice lo que oír,
canta mil veces adiós,
enjuaga una lágrima
y baja del bus.
Así he conocido el amor yendo cada vez más hacia el norte, más al oeste y más hacia el centro. Lo que ahora suena no son gotas de agua, son hojas secas que pesan como las más profundas ondas del universo.
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