Te oigo en la brisa del agua
En el sabor salado de este mar imposible.
Y a pesar,
Que desconozco tus modos,
tus sabores
Y la forma en que tu pelo despierta,
Te siento empapada en la lluvia cálida,
En las arenas que el tiempo, ni el océano han logrado azulecer.
Sí,
eres una desconocida para mi cuerpo
Pero te veo caminar descalza por todas partes,
incluso sobre mi cama, en mi pecho, mi espalda;
eres una mujer bandida
porque debo admitir que ni siquiera sé tu nombre,
sólo reconozco tu sombra y como las caderas que juegan al sol, se me hacen agua a la boca como si mi garganta pudiera beber toda la lluvia del mundo.
Sé que vives para otros ojos,
para otras pieles,
aún no siento lágrimas por ti;
Pero eso no hace que te extrañe menos o que deje el deseo inmenso de morir por ti;
Porque la fé en los círculos raros de tu vida bandida
Me dice que te veré algún día pronunciar mi sudor y respirar entre los dos los restos de lo que nos quede de alma, quizá ese día seas aún más desconocida que ahora,
pero no importa porque la marca en el recuerdo habrá sido impresa
en ese momento en que me atreva a nombrar tu aura
y tu me poseas
por encima del cúmulo de mis olvidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario