miércoles, 13 de marzo de 2013

Esperanza

En este minuto de silencio te escribo,
como si de verdad creyera que se detendrán 63 segundos de tu vida para leer estas líneas.

Es difícil
aspirar aquel polvo (de realidad inmediata)
de este lugar que ya no reconozco.
Aún es más difícil,
limpiar las grietas y quitar el manto de los muebles que ya calientan tu cama,
que te toman de la mano y que inventan sueños en tu nuca.
...Nubes de vapor de café
que desarrugan la noche...

No estoy aquí para reclamar justicia
por los papeles que dejaste bajo mi almohada,
por el desorden de lo que antes era vida,
ni mucho menos,
para recordarte que aquí sigue tu cepillo,
o que olvidaste tirar la basura;
ya no importa la banalidad del tiempo que camina en busca de otro día,
porque aguardo con la boca cerrada
un regreso
que es más parecido a una infusión de partida.

Te veo amada por el incierto
por aquel tal vez o por aquel quizás,
que mi imaginación y mis celos saben real,
pero del cual desconocen el rostro,
la sonrisa y el tacto que te hace suspirar libre al apagar la bombilla...
Es que no puedo entender que la soledad pueda más en tu piel de lo que pudieron mis labios.

Entiendo ahora que debo regalarte algo
un poco de aquella pequeña tortura a la que algunos llaman olvido,
y no porque al entregarte este tiempo y esta distancia me rinda ante el destino,
sino que a lo lejos veo
que vidas hay muchas
y las casualidades para re-encontrarte
están en manos de las circunstancias del futuro que aún no camino.




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