miércoles, 28 de septiembre de 2011

Visita a la Terraza

Pasé la noche viendo al ejercito dorado
pero en realidad tenía la mirada a lo lejos, casi concentrado
en la pantalla con letras que parece solo tener sentido para mi,
pero no nada más...
Silencio
luego de 6 repiques de un teléfono guardado al azar en algún lugar de una sala desconocida
(No solo ha sido un intento)...
Se me viene el impulso de salir a caminar
doy varias vueltas sobre el techo,
cada una es un cigarrillo
y un suspiro,
las nubes parecen estar de fiesta
el strober llama a la lluvia,
mientras la luna se cubre con la espuma
que se creó con la ceniza de la última erupción.
Los gatos despiertan,
sus ojos marcan el camino de los desorientados
y las almas perdidas.
Es buena la vista
cuando el horizonte es un millar de lucecitas esparcidas
en los grandes pedazos de la oscuridad más obscura,
porque la tierra será siempre la casa de las sombras de todo el día,
mientras que el firmamento
disfrazado de aquel azul intenso que quiere ser negro,
se rinde a lo que hay más allá de el.
Sin embargo,
no hay estrellas,
solo uno que otro ovni,
un avión que desprevenidamente aterriza en el medio del cerro,
y un buzón como respuesta.
Es hondo este último hálito
que llena mi pecho y calma la mente,
los tres únicos arboles del parque han respirado
su esencia es ahora mi susurro.
Dejo ser a la vida
lo que ella misma forma en su flujo,
si el recuerdo a veces lastima
es porque aún es querido,
y jamás será olvidado.





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