jueves, 7 de abril de 2011

+ 1 Hora

Tan inexistente,
como el viento
tras el cristal y el concreto que me aíslan del vacío,
ni se oyen sus altos alaridos azotando el edificio...
Así es la noche que clara como la tarde
trascurre hasta las 21:00;
las flores no se cierran, no duermen,
mientras las lluvias lejanas
dejan tranquilos y aburridos
a los paraguas estacionados hace tiempo
/en los rincones de las viejas casas.

Se hace tan surrealista despertar
embargado del pesar de una hora mentirosa
que engaña a los exactos sentidos,
que el café tiene un gusto trasnochado
y el agua profunda se deja llevar,
/ perezosamente en un chorro grueso de grifo
Su espesa cadencia es el mero cansancio del muy ligero descanso.

Incluso el fin de semana
se ve agotado
con sus calles medio vacantes y aquellos caminantes
detenidos en las esquinas
viendo pasar, sin mirar,
al camión del mundo
con su años, sus consecuencias funestas
y sus pesados recuerdos y sus brillantes maravillas.
Las nubes grises
siguen empujándose
apretujando su carga de diluvio
pero la pereza no las deja,
es tanto trabajo liberar un millón de gotas....

Pasarán algún día
estos lóbregos seis meses,
serán días de calor y de pieles lagrimosas
de intensos vapores en el metro
y tostadas hojas en los cedros.
¿Será mejor cerrar los ojos
y en 180 amaneceres aparecer despierto?
Tengo mucho material
para un largo sueño...

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