Pude no conocerte,
pude no haberte visto,
pude ser tu mero retoño o quizá tu más grande orgullo...
No sé,
ahora todo es lágrimas y añoranzas,
espacios de memoria
que recobraran vida en algún ensueño.
Son pocas,
estas,
/ mis palabras
porque un agujero negro me estorba la mirada,
el peso de la ingrata ausencia;
mientras se difumina en una abrazada sonrisa
el postrero recuerdo que guardo con el alma
y que me traerá al recuento
de lo que es mi vida:
una calle larga que inicio un paciente obrero...
Hoy rindo honores
a aquel que me ayudó a ser hombre,
quien tuvo prosas de indulgencia
y de castigo,
quien es parte de mi, porque soy parte de él...
Por él a quien nunca olvidaré,
mientras tomo las obras
de la gran avenida que será tu hijo
y que seré yo
como siempre lo he sido.
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