A veces al despertar de un sueño corto
siento como hormiguean trozos de aquellos viajes de ojos cerrados
y mente palpitante;
a veces algo de esa crema de nube
se queda conmigo para oprimirse auto-play
en instantes varios,
en algún minuto de silencio,
de esos que tiene la cabeza y el corazón algunas veces,
de esos en los que realmente soy inocente
porque no pienso en nada, porque persivo todo y no leo el mundo,
porque no creo, no maquino...nada.
Pedazos cortos son esos extraños lapsus
en los que soy libre mi mismo
para respirar un aire que nunca reconozco,
para saborear algo que se deshace dejando la mancha de sus raíces en mi boca
y que no puedo comparar, ni recordar;
veo aquel trasfondo que cubre todas las formas haciéndolas borrosas para el detalle
y claras para su más profunda esencia. Veo!
¿Te has visto ensimismado en un precipicio?
Es así como los imaginarios
se me convierten en palabras,
y escribo:
la claridad es la noche
y el frío nunca miente.
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