lunes, 24 de mayo de 2010

Indie-Gente

Matizado,
rayado por la ligera llovizna que cae de lado,
oculto tras la estatua que escribe una carta infinita
o aquella otra que mira sus proezas vencidas por el olvido,
así paso la medianoche;
no queda sino un silencio dentro de mis sábanas de prensa,
mientras pasa el frío tiempo y las brillantes sombras;
el ronquido de la avenida me despierta por temor a la violencia
como clamando algo de atención entre tanta inercia...
...Es solo un susto de tantos que ya no tiene gracia...

Mis sueños,
los que aún siguen vivos
se hacen leves con el canto
de las ruedas lejanas de metal agotado...
¿dónde estarán mis amigos de la noche,
aquellos seres que no desprecian mi edor
o mis pesares?
No veo más que reflejos
hasta que reconozco en ellos
un imaginario más de hambre, hielo y octanos de aromas fuertes,
una esperanza arraigada
de la que se disfraza la soledad
para jugar con la cordura que aún guardan mis silentes palabras.
Es está mi noche
una escena mil veces repetida
solo que a veces lleva lágrimas,
algunas lleva sonrisas,
otras un poco de pan
otras un profundo dolor en las tripas;
sin embargo queda a mi favor
que he podido ver un millón de amaneceres
no como todos
rellenos de somnolencia y prisa,
sino pleno con calma,
con tranquilidad de ver otro día despertar
para buscar ser un poco más
o reconocer que soy mucho más de lo suficiente.



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