lunes, 19 de abril de 2010

Transmilenio

Todos los días me dejo devorar por un gran rojo,
una bestia que no debe cazar para alimentarse
ya que las víctimas nos apretujamos en sus fauces
buscamos su madriguera o su nido,
pagamos por su saliva y su torpe ligereza.

Ese silencio desbordado de ruido
entre los tibios suspiros y querellas es quien me duerme y me despierta
/es quien me transporta y luego de masticarme, me libera.
Hoy no fue un día de tantos,
Hoy iba llena la bestia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Leertee de nuevo es encantador.
Que sutil y crudo. Adoro ese estilo.