Todos los días me dejo devorar por un gran rojo,
una bestia que no debe cazar para alimentarse
ya que las víctimas nos apretujamos en sus fauces
buscamos su madriguera o su nido,
pagamos por su saliva y su torpe ligereza.
Ese silencio desbordado de ruido
entre los tibios suspiros y querellas es quien me duerme y me despierta
/es quien me transporta y luego de masticarme, me libera.
Hoy no fue un día de tantos,
Hoy iba llena la bestia.
1 comentario:
Leertee de nuevo es encantador.
Que sutil y crudo. Adoro ese estilo.
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