la camara rescatando algo de momentos inexplorados, vírgenes, desesperados.
Se oye el grito de la muerte cercana, brilloso e insondable;
las caras conteniendo el impulso del vacío
sosteniendo la entera humanidad de la tragedia.
La ciudad ve la montaña en llamas,
el lento sorber del humo sobre la bruma...
La ciudad despierta,
llora, inquieta, pregunta y reclama;
la respuesta flota entre los despojos de algunas esperanzas malhumoradas.
Se abren los arboles recibiendo las almas toscas,
dejando todo a su origen, a la maraña de calles que recorren las aguas subterranéas
en busca del centro del mundo, donde el calor del núcleo, derrite las desilusiones
/ y recrea la imagen del cielo.
El sigue con sus sueños,
disfrutando de la fantasía de todas sus noches;
ignorando la realidad del mundo,
un mundo del cual, nunca ha considerado ser parte.
Su imaginario nocturno
sobrevuela los campos de la lejanía, de las fronteras mágicas,
dejando aquel "aroma de espiritú joven",
que se va mientras las cordilleras se acercan.
"Deja vú", dice la tinta sobre las hojas que retrato;
mientras las noticias del piloto durmiente sobre el cerro flameante,
se confunden entre mi última copa de vino
y mi más reciente cigarrillo.
Son las 3:20 Am, nuevamente
y quizá el tiempo no me ha sido suficiente...
Apago la radio mientras la estática da las buenas noches,
otro sorbo de vino barato, otra noche, otra descripción de un mundo inexistente.
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