III
Al despertar el hedor de madre se empezaba a recostar sobre las cabezas calmas de la familia, sin pestañear vieron estupefactos la figura de señora Morales con su delantal y su seño fruncido reclamando un baño, un levantar el desorden, un airear la casa, un hagan algo, una mirada de compresión ¿no ven que ya casi llegan las visitas? Simón tomó la escoba, Federico alzó los juguetes y él agarró la toalla y con agua fría apaciguó la resaca que más allá de calmarse se hizo insoportable.
Todos vestidos para la ocasión, brindaron con lágrimas su desgracia sin que la madre lo notara, mientras la resignada apariencia, se dedicaba a recoger los abrigos de los amigos visitantes cada vez más numerosos, mientras servía el primer café de manzanilla de esa tarde eterna, mientras se sonreía y se callaba.
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