
Súbito,
como cualquier maremoto
o fin del mundo,
rápido y desgarbado,
sin el más simple hedor de gloria...
Solo fuerza cruda
que se disgrega a través del mundo
en forma de lluvia ácida y salvaje;
revuelta sublime y sinsentido espléndido
que se dilata en acordes y golpes rasgados;
palabras hechas de hormonas y amores sin alma,
palabras hechas con lágrimas y resacas
que aún se retuercen por la tierra
sembrando una magia oscura,
como el próximo retoño de indelicada celestialidad.
Dolor, dolor corto y eterno
que empieza y luego se dispara
contra los techos en manchas sanguinolentas;
así, la vida de nuestras venas
se mezcla con el veneno blanco de la realidad...
Crudo, natural
impresión sensible de un adiós supremo.
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