martes, 19 de enero de 2016

En la pradera

Mientras el viento mece los árboles del campus
recuerdo el sabor de nuestras pasiones,
ese mismo que esta mañana me hizo llegar tarde al trabajo.

Entiendo que tanto la piel como el alma se acostumbran,
que la naturaleza cede y sin embargo, avanza,
que el vigor se agota y espera con ansías una recarga.
Quizá es la sensación de este descubrimiento inmenso
que no termina
y que deambula ahora por una pradera apenas matizada,
donde se cansan un poco los ojos de ver tanto y agarrar tan poco.

Pero no te afanes mi amor,
siento el fluir del agua a lo lejos, bajo mi cuerpo,
la cercanía de los cerros, el cambio en el verdor de las plantas,
los tonos en los pétalos de las flores y las corrientes que van anunciando la tarde.
En la distancia de los muros, en la diferencia del nacimiento de la luz
va germinando el tiempo, así como lo hace el agua
en olas,
que a veces estrellan duro contra las rocas
y otras en las que que apenas rozan los granos de arenas brillantes.

Somos ese encuentro de humedad y sequía
que hace girar el universo,
un resumen de lo que ha sido y será
contado solo en detalle a través de nuestras miradas
y en las palabras que dibujamos sobre la piel
con la tinta mágica de la saliva.

No dejo de descubrirte mientras me entrego
no dejo de desearte, mientras sigue este tiempo.
La sed llueve y el hambre se hace nubes,
la piel como tierra ve las sombras del cielo y bebe el jugo de los vientos.


jueves, 8 de octubre de 2015

So what

A quién se le ocurre enamorarse
cuando suenan los vapores de la tercera guerra,
cuando hay gente que ama teléfonos celulares, máquinas y animales
como si fueran su alma gemela.

A quién en estado de consciencia, se le puede ocurrir
perder la cabeza en los ojos de un semejante,
desnudarse de alma completa
mientras caen las bombas y flotan los cadáveres.

A quién, por Alá, por San Judas Tadeo, por Buda, por Gaia, por Pacha Mama,
a quién se le ocurre caer en ese silencio sonriente,
en aquella angustia adictiva,
en aquella inmensa libertad y temor de la pasión,
en esa pérdida que tanto puede llegar a tener de ganancia.

A quién sino a mi
y ojalá fuera a todo el mundo,
para que la realidad fuera más liviana
imaginando encuentros con ropa,
citas desnudas,
cigarrillos menos amargos,
caminatas en la playa mientras llueve,
con la arena fría que puede hacer todo incómodo,
pero sin que tenga importancia.

A quién se le ocurre
pasar por aquella esquina que ya había olvidado,
sentir lo mismo
y pensar en voz alta:
Qué importa el destino si es menos pesado el camino.




viernes, 11 de septiembre de 2015

La bicicleta en el puente

El viento se desliza bajo mi camisa a la velocidad de las ruedas que no paran de girar,
una caricia que se desarrolla en la coincidencia de 10 semáforos en verde.

Escucho el agua en mi oído,  resuena el pálpito agitado de mi vida.
Un perro cruza la avenida arrastrando a su humano.
Su respiración se oye como si fuera libre.

En medio de los puentes,
las mujeres se maquillan,
los hombres y las mujeres ven la pantalla de su celular,
algunos escuchan noticias,
algunos con prisa no hacen nada, solo siguen y tocan la bocina.
Otros van escuchando su motor,
buscando el ronroneo desahuciado,
el tornillo flojo,
la gota que cae en la maquinaria creadora de humo.

Nadie,
realmente nadie ve,
la sonrisa de la ciudad que despierta,
los cerros muy lejanos que se despabilan de verde y marrón,
el frescor antes del cielo de un azul agrisado;
el tráfico en el puente sigue
y solo yo,
el de la bicicleta
está detenido por gusto en lo más alto del puente
mientras el aire del metro pasa debajo,
mientras las nubes como camaleón se transforman.

Te tengo conmigo
en estos extraños momentos de libertad,
donde el goce de la existencia
es tan claro como el color de la lluvia antes de estallar contra las tierras.
No puedo sentir tu abrazo,
pero aquí estas,
guardando silencio conmigo,
en lo que el mundo da vueltas,
en lo que el resto de la masa se espesa y trabaja.

¿Eres tu ese viento,
el agua cantante,
la sonrisa de la mañana?

Pequeña serie de amores perdidos. I

Hoy tome un café de verdad,
más allá del intento de café de otros días....
y mientras miraba los aviones contra los resignados edificios
puede imaginarte realmente, no como un soslayo...
sino como una figura casi física que transgredió el espacio del aire vacío.
Pude ver disiparse las sombras, y hubo un ligero toque a tus manos...
Sé que el tiempo dirá cuantas veces más podré verte
mientras intento dar el paso, sobre la salsa que te encanta....Solo sé que no soy más que un Punker con corbata...
pero tengo las palabras para acompañar las miradas que sabré darte.
Sé que desconoces las obscuridad que puedo recrear con solo ver las nubes lejanas de esta ciudad-valle;
Pero no importa, la luz y la sombra dan dimensión a las cosas,
como el calor hace lluvia al final de la tarde...
Como las noches hacen niños y el amor momentos innombrables...
Solo espero el próximo segundo porque nunca he de creer en el presente....para eso es mejor soñar o inventar imaginando.

lunes, 27 de abril de 2015

Alrededor de las gentes

Leyendo a Borges
con unos tragos en la cabeza,
con un peso de exagerada ligereza en el pecho
y sopor, el mismo que aquel hombre sintió al dar vueltas dentro de la ciudad de los inmortales,
explorando el laberinto de las 9 puertas,
así,
igual, perdido y sin pasión,
añoro lo que no he tenido y extraño lo que he dejado ir.

No quedan más que unos pocos años
antes que esa masa se haga insoportable
y cómo salvarme, entonces, del amor,
de la falta de cariño
o el exceso de falsas caricias,
falsas no por la intención de quien la profesa,
sino por la sensación misma de quien las disfruta,
es un no saber cómo querer,
es un olvidar cómo respirar...
... pero seguir vivo.

Las manos tiemblan mientras subo la escalera
para reparar la gotera que da sobre mi cabeza,
no han llegado aún las lluvias,
pero mira cuán humedo se nota el cielo de esa casa,
cuán baladí es pensar en lo que ya está resuelto,
como una máquina que nunca recibe la orden de detenerse.

En lo que las flores crecen
y mi corazón se detiene, ralentizando lo que podría ser mi próxima sonrisa,
entiendo,
que así como la calle que no tiene memoria,
el desamor, como una alta estructura que implota,
se reconstruye y luego desaparece
mi olvido es algo que no tiene conciencia,
es una fuerza que ataca y luego se desvanece.

No hay almas donde no hay recuerdos,
no hay vida, donde el aire mecánico se limita a proveer movimiento.

lunes, 2 de febrero de 2015

Para Valentina

Siendo hoy un día como todos los anteriores,
donde el aire se acumula y luego se disuelve,
y luego muere en forma de sangre y pensamientos:
recuerdo,
a aquel ser con forma de mujer que sin ser parte real de mi piel y sin que lo vaya a ser en esta vida,
no deja de ser uno de esos susurros constantes, de esas fotografías imaginarias
que se combina en medio de mis lecturas,
en medio de las frases dichas en largas cenas con amigos,
en medio de la inercia misma que es el movimiento.

La recuerdo no porque no exista
sino porque es desconocida.

La tengo hoy en la punta de la lengua
como las palabras precisas (venidas de repente) de un juego de stop,
como el nombre de esa película o ese libro en medio de una conversación que es más bien una historia.

Es un día en que la veo sentada junto a mí,
viendo como estallan los cohetes de una fiesta no muy lejos, a medio día;
la veo mordiendo una manzana,
acariciando mi mano
en el tren de la sensación de ser magníficamente imperfectos.

La tengo en su sonrisa
la poseo en sus sueños,
aunque es ella quien llega como un gran imperio a conquistar los míos.
La beso en las sombras
y le digo esas cosas que hablan del futuro
de ese segundo que sigue entre lo que podríamos ser y lo que no nos permitimos sentir.

Es verdad, que las ilusiones transgreden la sala iluminada de mi casa
en esta hora tan vaga y ventosa,
pero veo la fruta mordida por sus dientes
siento su marca viole(n)ta en la mano que ahora le escribe.

El eco del sol
se oye a todo lo largo de la calle vacía,
pero cuán pleno me siento
que de ese eco,
no queda sino el preticor
que desde la distancia me deja su cuerpo.

miércoles, 21 de enero de 2015

Ensalada de pimiento morrón

Ensalada de pimiento morrón.
Cocerlo hasta que quede tan tierno como corazón recién caído en el amor,
agrega cebolla picada finamente y sofríela hasta hacerla dulce y /transparente, como aquella alma que solo los niños no parlantes poseen.

Agrega dolor como pimienta e impaciencia como aceite virgen de olivas verdes,
revuelve, como si cayeras, dando tumbos, a un precipicio y ponle sal a la herida humeante.
Al oler las súplicas llorosas de los vegetales,
haz que llueva salsa inglesa, con todo y armada invencible.
Cuando el calentamiento global y la sequía nacida del corazón del fuego derrita todas las aguas, dale paz y apaga la caldera.
Agrega atún en lomo, de ese enlatado y ponle un tanto de tu hombría, única prueba del amor del pollo, todo picado en trozos incongruentes.
Cuando no quede más esperanza que comer...
Devora.
Porque los espíritus de todos aquellos quienes dieron su vida por tus placeres,
se pueden llevar el sabor al enfriarse.
Al final, deja de ver el plato vacío y escribe,
escribe
sobre aquel evento del hervor, el picado, la lluvia ácida de especias
y el larguísimo y profundo agujero lleno
que creías era tristeza, pero solo era hambre.
Bon appétit!!!